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Várices y hormonas

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Los riesgos de someterse a los mandatos de “las modas” en el vestir y el calzado pueden no ser beneficiosos para la salud de las venas. Existen agentes o situaciones desencadenantes de trastornos venosos, siendo mayor el riesgo en la mujer, debido a sus particulares características hormonales o a situaciones como el embarazo o la menopausia.
La píldora anticonceptiva, el embarazo, los trastornos hormonales y la menopausia son factores que influyen afectando en más o en menos, las venas de las piernas.
La influencia de hormonas como el estradiol y la progesterona dan lugar a modificaciones a nivel de las células del endotelio venoso.
El papel de los anovulatorios
Es extensa la literatura médica acerca de la influencia de los anovulatorios como factor de riesgo en patología cardiovascular, principalmente en el desarrollo de trombosis venosas profundas y la tan temida complicación tromboembólica.
Si a ello se le suma otros factores deletéreos como el tabaco, la obesidad, el riesgo se potencia significativamente.
 

 
¿Cómo ocurre la trombosis?
La ingesta de anticonceptivos por parte de la mujer, aún los de última generación,  puede dar lugar a una “neoformación” venosa, es decir la aparición de, por ejemplo, “arañitas”.
En el tema de la administración hormonal ha habido siempre polémica en el terreno médico, determinada muchas veces por intereses menos ligados a la salud.
Pero parece claro que los estrógenos de síntesis suponen siempre riesgo vascular. Ya hace una década se descubrió que no solamente influyen la dosis y la estructura química de los estrógenos de síntesis en el desarrollo de alteraciones venosas, sino que lo importante es la vía de administración.
La vía de administración es importante pues cuando el fármaco llega al hígado por el sistema porta, siendo el camino natural que sigue la “píldora” al ser ingerida por vía oral, se produce una retención intrahepática máxima.
Sin embargo, la retención es mínima cuando alcanza el hígado por vía arterial, ruta que sigue la toma percutánea, pues en tal caso el metabolismo es rápido.
 
Las trombosis venosas ocurren a causa del aumento del factor VII, proconvertina, con paso del fibrinógeno a fibrina, y disminución de la antitrombina III.
La práctica ha demostrado, en efecto, que tanto los estrógenos de síntesis como los naturales presentan riesgo vascular al actuar sobre los parámetros ya explicados de la coagulación.
Sin embargo, cuando los estrógenos naturales se administran por vía percutánea, en forma de parche sobre la piel o en sello intravaginal, ese riesgo disminuye significativamente.
 
Acción de estrógenos y progesterona en la vena
Los anovulatorios se dividen en dos fracciones: estrógenos y progesterona.
Los estrógenos estimulan el espesamiento de la pared venosa y la capa íntima. Simultáneamente, a nivel de la microcirculación, los estrógenos promueven una neoformación capilar que daría origen a las Telangiectasias (arañitas).
Contribuyen también a estimular el sistema renina/aldosterona, cuya alteración es el origen de la retención hidrosalina, que unida a la mayor filtración capilar por aumento de la permeablidad, puede significar el primer eslabón del edema intersticial.
Estos efectos son corregidos por la progesterona.
 
Un déficit de progesterona, con persistencia de secreción de estradiol, da lugar a un perfil hormonal que puede presentarse principalmente en la pospubertad, premenopausia y es el síndrome premenstrual.
La progesterona provoca una distensión venosa responsable de la atonía parietal: la vena se dilata, ya que esta hormona además de tener una acción miorelajante, infiltra de grasa la fina y muy delicada capa muscular de la pared de la vena, las válvulas dejan de ser suficientes, la vena se dilata por la hipotonía de la fibra muscular, luego se elonga y surge el reflujo en consecuencia, se desarrollan las várices.
Es fácil deducir la importancia del equilibrio estrógeno-progesterona y los desórdenes que pueden tener lugar durante el embarazo,  en el tratamiento sustitutivo de la menopausia o en el uso de anticonceptivos.
El estradiol, generado por el ovario, tiene un efecto metabólico y vascular opuesto a los anovulatorios utilizados en terapia por vía oral.
 
El estradiol es un factor que limita y protege contra el desarrollo del proceso ateromatoso. Ejerce una acción directa sobre factores tan importantes como la hipertensión y la hipertrigliceridemia, ya que baja sus cifras. Estudios epidemiológicos han confirmado que la mujer antes de la menopausia está protegida contra complicaciones cardiovasculares, en relación con el hombre a la misma edad.
Al desaparecer la secreción ovárica de estrógenos, existe un aumento del riesgo vascular trombogénico. Cuando se administra una terapia sustitutiva para retrasar la pérdida del periodo y paliar la sintomatología que acompaña al síndrome menopausia, se reproduce el riesgo de la mujer joven que toma anovulatorios,  y en consecuencia se facilita el desarrollo de varices.
 
El factor añadido de la herencia
Al factor hormonal hay que añadir la posible presencia de herencia genética, que puede realmente contribuir al desarrollo de esas várices. Se ha comprobado que en personas sin antecedentes familiares la influencia hormonal sólo causa pequeños trastornos; sin embargo, la presencia de este factor añadido puede dar lugar a graves alteraciones venosas.
La combinación hormonas/herencia debe ser factor a tener muy en cuenta para la prevención de las alteraciones venosas.
Por ello en tales casos la prudencia debe presidir cualquier decisión a la hora de la prescripción de anovulatorios.
La herencia genética, unida a otros factores de riesgo, puede dar lugar a graves alteraciones venosas.
 
Fuente:
Dermasthetic
Dr. Ricardo M. Gruz